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lunes, 21 de junio de 2010

El misterioso bautizo de Joaquín Sorolla

Era verano de 1900. Joaquín Sorolla estaba en el apogeo de su carrera. Acababa de recibir en la Exposición Universal de París celebrada en abril (un gran acontecimiento de masas para la época: recibió más de 50 millones de visitantes) el premio más codiciado, el Grand Prix. Fue Claude Monet el elegido para entregarle el galardón y, ante todos los impresionistas del momento, lo santificó: "Es el maestro de la luz". El Gobierno francés no quiso perder la oportunidad de tenerle entre los suyos y adquirió La vuelta de la pesca que se exhibe en la actualidad en el Museo D'Orsay.


El coleccionista español Alejandro de Anitua no tuvo ninguna duda en quién era el pintor que debía sumarse a su larga lista de artistas favoritos. Y le encargó una obra. En este punto surgen algunas dudas: no se sabe si el cliente le pidió un cuadro de tema religioso, sin más concreción (la hipótesis más probable a partir de los pocos datos de que se disponen) o le solicitó ex profeso esa ceremonia. El resultado es El bautizo, una obra magnífica y atípica en la trayectoria del artista valenciano. La obra, que ha permanecido hasta hoy con la familia del coleccionista, jamás se había prestado ni exhibido. Sólo se refleja en el catálogo, La vida y obra de Joaquín Sorolla, de Bernardino de Pantorba, uno de los principales biógrafos del pintor. Por primera vez ahora, cuando sus propietarios han decidio venderla, se ha expuesto al público. En Madrid puede contemplarse hoy (Fundación Pons, calle de Serrano 138 de 11.00 a 19.00. Entrada gratuita) antes de que sea subastado el próximo día 2 de junio en Sotheby's en Londres junto a otras pinturas europeas de los siglos XIX y XX.

Pero, sin duda, El bautizo será una de las estrellas de la puja, aseguran en la casa de subastas. Su precio de salida está entre 790.000 y 1.130.000 euros. Una cifra muy alejada de lo que pagó entonces el coleccionista, 10.000 pesetas, aunque para principios del siglo XX no estaba nada mal. Lo valía. Además de que Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 - Cercedilla, Madrid, 1923 ) era el pintor más solicitado del momento, el encargo era especial por varios motivos, según explica Marta Enrile, experta en pintura española de los siglos XIX y XX de Sotheby's.

Para empezar, salvo en El beso de la reliquia (Museo de Bellas Artes de Bilbao) y algún otro, no solía acudir a temas religiosos. Pero a Sorolla, un artista "prolífico, muy realista y atento al mercado", no le importó alejarse de los temas en los que estaba centrado, exteriores y escenas de playa. Luego está su originalísima composición con reminiscencias de Las Meninas, o como homenaje a Velázquez, maestro al que Sorolla veneraba en sus frecuentes visitas al Prado. "En ambas obras la luz entra por el fondo al descubrir uno de los personajes el cortinón". La experta también subraya en el detalle ("muy osado") del banco en primera fila una marcada influencia de la fotografía. El pintor pronto huérfano trabajó con el fotógrafo Juan Antonio García Peris, que luego sería su suegro.

Por último, en la composición de El bautizo, Sorolla se muestra decidido sobre qué quiere destacar (y qué no). Mientras que el altar apenas se sugiere, los personajes en toda la escala social son sus preferidos. Sobre todo, Clotilde, su mujer, ataviada con exquisitas sedas verdes. Sin duda, de Valencia, famosa por la industria de la sedería. Sorolla regresa así a la tierra que le vio nacer.

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