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lunes, 28 de junio de 2010

Domenico di Tommaso Bigordi (Florencia 1449-1494) Ghirlandaio, retrato de una dama

 Domenico di Tommaso Bigordi (Florencia 1449-1494) nació el mismo día que Lorenzo Médicis, el Magnífico, y recibió el apelativo de Ghirlandaio por haber diseñado las coronas que a las florentinas les gustaba llevar prendidas del cabello. Junto con Sandro Boticelli, unos años mayor que él, encarna el ideal de belleza y el refinamiento artístico en la pintura en la segunda mitad del Quattrocento. Su retrato de Giovanna Tornabuoni es el centro de una de las grandes exposiciones del verano, Ghirlandaio y el Renacimiento en Florencia, que se puede ver en el Museo Thyssen de Madrid hasta el próximo 10 de octubre.


La exposición ha sido calificada por el director artístico del museo, Guillermo Solana, como la más completa en torno al prodigioso retratista florentino. Reúne 60 obras que giran alrededor del retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni (1489-1490) y es una buena ocasión para comprobar cómo los talleres florentinos del Quattrocento renovaron el género del retrato y abarcaron escenas clásicas como el amor y el matrimonio, así como pasajes de la Biblia. La pintura de Giovanna Tornabuoni que El Ghirlandaio realizó a título póstumo por encargo del joven viudo hijo del responsable de la banca Médicis en Roma y gran mecenas de las artes en su ciudad natal, Florencia, fue adquirida por el Barón Thyssen en 1935 y está considerada «la joya entre las joyas» de su colección particular.

La joven que habitualmente representa con su imagen la colección de pintura de maestros antiguos del museo madrileño es fruto de la pasión de un hombre enamorado, Lorenzo Tornabuoni, heredero del banquero, y del virtuosismo de Ghirlandaio, que supo definir la belleza de la modelo, la serenidad y devoción como esposa fallecida prematuramente a los diecinueve años después de una de las bodas más sonadas en la Florencia de los Médicis y de quedar embarazada de su segundo hijo. El suegro de Giovanna le había encomendado a Ghirlandaio la decoración de la capilla mayor de Santa Maria Novella, en cuyos frescos ordenó que figurasen para la eternidad los miembros de su familia, entre ellos la joven malograda. Del mural sobrevino la tabla pintada que decoró las estancias del conmovido esposo en el palacio familiar y que finalmente acabó adquiriendo el Barón.

La tabla de Giovanna es el único retrato femenino del siglo XV del que se conoce su ubicación original. La exposición del Thyssen propone un recorrido didáctico para desentrañar el enigma del cuadro. Así, la muestra reúne pinturas, esculturas, dibujos, manuscritos, libros de horas y medallas de bronce, principalmente, que guardaba Giovanna en el palacio Tornabuoni. Se suman, además, las obras de pintores renombrados: Botticelli, Verrocchio, en cuyo taller se formó Ghirlandaio, y Filippino Lippi, entre otros. El combate entre el Amor y la Castidad, de Gherardo di Fiovanni del Fora, y La Anunciación, de Biagio d'Antonio, son dos de los delicados cuadros que se pueden ver en la gran exposición madrileña hasta octubre.

Uno de los factores o mecanismos que operan en el llamado síndrome Stendhal, o de Florencia, está sin duda asociado íntimamente a la pintura de Ghirlandaio. La belleza invita a soñar en la Capilla Sassetti de la iglesia de la Santa Trinidad ante los frescos del artista florentino. Corresponden a seis episodios de la vida de San Francisco junto con algunos motivos clásicos, de 1485. Los tres episodios principales son: San Francisco recibiendo del Papa Honorio III la aprobación de la regla de su orden, La muerte y exequias de San Francisco y La resurrección por intercesión del santo de un niño de la familia Spini. El niño había muerto al caer desde una ventana. En el primero de ellos hay un retrato de Lorenzo de Médicis y en el tercero un autorretrato del pintor, que también figura en una de las obras de Santa María Novella y en La Adoración de los Magos en el Hospital de los Inocentes. La tabla de altar de esta capilla, La Adoración de los Pastores, se encuentra expuesta en la Galería de la Academia. Si van a Florencia no se lo pierdan.

El arte imita a la naturaleza y la naturaleza quiso, según Giorgio Vassari, que Ghirlandaio fuese pintor. La plaga de peste de 1494 se lo llevó en cinco días cuando sólo tenía cuarenta y cinco años. La desaparición prematura del gran retratista y muralista fue el último eslabón de una cadena trágica que se inició en 1492 con la muerte de Lorenzo el Magnífico en su villa de Careggi. Entonces, todo parecía perturbar la paz en la tierra y en el cielo. Las inundaciones, los terremotos, las plagas y las revoluciones siguieron a ese día funesto: Lorenzo Tornabuoni, detenido más tarde, fue decapitado; Girolamo Savonarola, quemado vivo; los aluviones africanos deshicieron fortunas y familias. El pintor dejó de existir junto con la sociedad que había retratado con sensibilidad y refinamiento. Y el Quattrocento dejó paso al Cinquecento.
LUIS M. ALONSO

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